En el corazón de la selva, los representantes simiescos oyeron por enésima vez el listado de aberraciones realizadas por los humanos y de las que ellos no participaban: guerras, hambrunas, virus, corrientes filosóficas extrañas y corrientes económicas irracionales, religiones, abusos, pederastia, trabajo infantil y desmanes de cualquier catadura, envidias, idolatrías y abuso de la naturaleza.
Volvieron a levantar los cocos y brindaron, bebiendo su agua. Se abrazaron como solo ellos sabían hacerlo.
La simplicidad de su vida era más confortable que la de cualquier raza, etnia o religión.
Eremicionar fue su sabia elección. Un día, tal vez en otro ciclo de la vida, se llegue a una unión que aún está por ver si valdrá la pena realizar; por ahora, los datos son aplastantemente claros y diáfanos.
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