Yo me interesé por esta página; pues, debía preparar una charla sobre el escritor de Alicante y mi ambición, por agradar al auditorio, me llevó a hurguetear en Borges algún etcétera literario.
En dicha página, Borges, habla de una pluma que utilizó Azorín para esbozar sus escritos y que, en un viaje a Madrid, extravió.
Azorín soportó varios meses sin escribir. Deprimido, viajó al pueblo de Yecla donde visitó un colegio; allí un joven tomaba apuntes con su pluma perdida.
El escritor, asombradísimo por la casualidad, indagó al estudiante; éste argumentó haberla recibido como obsequio. Azorín explicó su extravío; pero no permitió la devolución.
Al despedirse preguntó al joven su nombre.
-Jorge Luis Borges -le respondió.
Conté la anécdota en la charla, que varios escucharon admirados. Pero un hombre canoso y sostenido por un bastón -que dijo llamarse Ruiz Díaz- refutó, enojadísimo, lo dicho.
Me atropelló con insultos literarios y exigió que me retractara.
Yo, obligado por el episodio, dije al público:
-Debo admitir un error; en Borges, no en mí. Porque él olvidó escribir esta página.
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