Lectura

Cuando me veo al espejo

Por Enrique A Meitin · Estados Unidos · Historia real

Cuando me veo al espejo
Les presento mi relato "CUANDO ME VEO AL ESPEJO"
Por Enrique A. Meitín

Cuando algunos de mis amigos, o alguien en una informal conversación me pregunta ¿Qué es ser padre? o ¿Qué se siente al ser padre?, suelo responderle que ser padre, a mi juicio constituye una de las tareas más difíciles que puede plantearnos la vida, pero a cambio de ello, se aprende a descifrar cuál es el verdadero significado del amor incondicional. A lo que siente uno como padre les agrego, que todo lo que hace el bebé te recuerda algo, que lo identifica contigo o con un aspecto de la madre. Lo que sin dudas constituye su accionar y su progreso, es lo más sobresaliente y mágico que podamos ver.
Siempre recordaré el día en que cada una de mis hijas me sonrío por primera vez; recuerdo haber aplaudido y haber sentido correr lágrimas por mis mejillas cuando dieron sus primeros pasos..., cuando su "gorgojar" se tornó en sílabas, en un papá, luego en palabras. No hay nada, pero nada, que lo llene a uno de tanta paz, como sentir en la comodidad de los brazos a un niño dormido, mientras te preguntas, que algo tan tierno y al parecer insignificante nos importe tanto. No, no hay ninguna experiencia comparable a la de tener hijos, y a pesar de los retos a los que todo papá tiene que enfrentarse, he terminado por creer que los hijos vienen al mundo para la satisfacción de sorprender en todo momento a sus padres.
Al repasar los magníficos momentos al lado de mis hijas, sin intentarlo ni sospecharlo siquiera me veo recordando con vivido detalle a mi padre, y su imagen permanece imborrable en mi retina y aunque tarde, salvando cualquier tipo de contradicción o dificultad que confrontamos, que fueron bastantes le profeso una autentica admiración por sus actos, de los que puedo hoy hablar desapasionadamente de algunos de ellos.
Recuerdo en primer lugar como siempre le critiqué su manera histriónica de enfocar el mundo. Para ambos ---mi hermano y yo---, nuestro padre siempre alardeaba de sus capacidades, las tuviese o creyese que las tenía. Creíamos incluso que se había equivocado de carrera, y que debía haberse dedicado a la actuación, pues en casi todo momento parecía estar actuando. En honor a la verdad ambos continuamente lo criticábamos, aunque con mucho respeto y de una manera correcta, tal vez constructiva. En cambio, para mi padre esas críticas les "resbalaban", nunca las tomaba en cuenta o mejor dicho, las ignoraba.
Si bien mis discusiones con él por los motivos antes señalados no dejaron de sucederse, lo cierto fue, que fueron variando de tono y lo que antaño fue contradicción entre nosotros dos, a medida que pasó el tiempo y fui madurando, se convirtieron simplemente en intercambios de opiniones, de criterios compartidos o de divergentes convicciones. Sin embargo, en sus relaciones con nosotros siempre demostró ser un gran amigo y compartimos con él todas nuestras inquietudes, primero de niño y después de muchacho, lo que quedaría demostrado en más de una ocasión.
Según contaba mi madre él fue el que nos enseñó a leer y escribir. Cuando yo apenas tenía cuatro años, y quería seguir los pasos de mi hermano y comenzar la escuela, frente al asombro del propio director de la Escuela Pública mi padre, usando como papel el interior de una caja de cigarros, escribió en ella algunas palabras y puso números. Me hizo leer e identificarlos examinándome, para que el propio director comprobara que ya conocía los números y sabía leer. Gracias a la actuación de mi padre, me dejaron entrar en primer grado, sin tener que pasar el kínder.
Al igual que yo, primeramente mi hermano y años después mis hermanas, todos aprendimos a leer y escribir con mi padre, antes de ir a la Escuela. Él era un gran lector, siempre con la nariz metida en un libro, se había pasado la vida leyendo sobre Historia y biografías de hombres famosos, recogiendo datos y significados de los acontecimientos reales. Decía que había que seguir las palabras del apóstol, de "...ser culto para ser libres", pero trataba de mantenerse al margen de la política, o mejor como él decía: "...libre del efecto corrosivo de los hechos históricos que he vivido". Si bien no había intentado jamás cambiar el curso de la Historia, al menos no se mostró nunca insensible ante los problemas que vivíamos todos los cubanos, pero procuraba no tomar partido. En eso siempre se equivocó, y de hecho comprendió que era imposible, siendo por ello víctima de muchas traiciones, pero no por ello le guardaba rencor a sus semejantes.
Eso sí, hablaba muy alto y trababa confianza a todo aquel que conocía e incluso a veces a los que no conocía. Decía palabrotas, contaba bromas subidas de tono, y cantaba tangos y rancheras, y lo hacía bastante bien, ocasionalmente también se inclinaba por los tragos, que a diferencia de cualquier cubano prefería el whisky en vez de la cerveza. Su incansable costumbre de recitar de memoria los poemas de Martí ---cosa que heredó mi hermano---, eran parte de su personalidad, sin obviar que juzgaba a las personas únicamente por su aptitud ante la vida y no por el dinero que poseía, o la posición social que ocupara.
Cuando aún éramos muchachos, tiempo en que vivíamos todos juntos, aunque no teníamos una buena posición, mucho menos dinero, mi padre no consideraba a su familia una familia pobre, pues era del criterio de que, si vivía en una casa bien cuidada, con ropa limpia y comida suficiente para los suyos eso era sinónimo de la verdadera riqueza.
En nuestra casa reinaba la limpieza y el orden, debido a que mamá era obsesiva compulsiva en cuanto a eso. No obstante, tan pronto nuestro padre entraba por la puerta, ambas cosas pasaban a un segundo plano. Se instauraba el desorden. Dejaba la camisa en una silla, las medias y los zapatos en el trayecto de la sala al cuarto, mientras las zapatillas que no lograba nunca encontrar ---, como era natural no sabía dónde las había dejado la última vez que las usó, pues mamá las había puesto en su sitio---, lo reclamaban en algún lugar desconocido para él, para terminar, desplazándose descalzo por toda la casa, y mi madre en un grito, detrás recogiendo lo que dejaba tirado a su paso.
Si bien no había pasado del sexto grado, poseía una mente despierta y un doctorado en cuanto a relaciones humanas, era un sociólogo nato, tal vez fruto de la observación y de enfrentar la cotidianidad con seguridad y esfuerzo. Se desvivía por hacernos ver que nadie es perfecto, que a pesar de que todos tenemos errores no se debe juzgar a las personas con severidad, pues eso raya en la hipocresía, y que la risa es el mejor antídoto contra el malestar y los problemas que debemos enfrentar. Conseguía narrar con agrado y lujo de detalles el más mínimo suceso, a la par que los enfrentamientos más crudos que tenían lugar en la calle o entre sus amigos o conocidos, los convertía en una animosa anécdota llena de emoción y risas.
De hecho, siempre supo disfrutar del momento, aun de los malos sacaba provecho, supo y nos enseñó a valorar los regalos que día a día nos da la vida para poder enfrentar cualquier reto. Sin ser un predicador nos inculcó a mí y a mis hermanos ---sobre todo con su ejemplo---, el no ser ajeno a los problemas de los demás, y sobre todo a imponernos sobre el egoísmo, utilizando sobre todo el sacrificio.
Junto a él aprendí a amar el deporte, sobre todo el baseball, convirtiéndose en mi promotor. Estimulado por él, jugué en la escuela con equipos infantiles y juveniles, hasta hacer el grado con la selección nacional juvenil a la edad de dieciséis años, lo cual de lo debo en parte a sus señalamientos. Según él, yo podía sentar cátedra como segunda base por mi buen fildeo, pero además él se encargaría de que fuese un buen empujador de carreras y que alcanzara un alto porcentaje ofensivo... si bien logré con sus enseñanzas mantener en mis competencias una línea defensiva aceptable, en cuanto a hacerme un buen bateador, fracasó en sus intentos.
En realidad, nunca pude entender de dónde sacaba tiempo para "estar en todas". Se pasaba el día trabajando y también divirtiéndose, pero siempre tenía tiempo para nosotros. Ni en una sola ocasión se perdió una de nuestras reuniones, actos y fiestas escolares, mucho menos dejó de asistir a mis enfrentamientos deportivos, para animarme, valorar mis éxitos y errores, y ayudarme a superarlos posteriormente. Yo en cambio compartía con él, cualquier arreglo de la casa o cuando me llevaba a algún trabajo extra que conseguía. Era algo que habitualmente hacíamos juntos, aunque conforme fui creciendo, fui yo quien trabajaba más, el solo dirigía... pero sabía hacerlo, y sin imposiciones.
En lo que a su personalidad respecta, yo siempre lo tuve como una persona algo introvertida, en cuanto a sus problemas personales que no compartía con nadie ---salvo creo, con mamá---, no sabía cómo hacerlo, en vez de acercarse a sus amigos, que tenía muchos y buenos, siempre se alejaba de ellos cuando más falta tal vez le hacían, aunque al mismo tiempo hacía todo cuanto estuviese a su alcance, y algo más, por satisfacer a sus semejantes. Incluso en relación con sus sentimientos, era poco efusivo en demostrarte cariño, quizás sabiendo que su forma de actuar podía incrementar la distancia entre él y sus hijos. Muy pocas veces nos besaba ---aunque de niño lo deseábamos---, solo lo hacía con nuestras hermanas, no así con nosotros dos, pues decía que el besuqueo no era cosa entre hombre. Prueba de su "machismo".
Se movía en múltiples contradicciones, políticas y sociales. Odiaba a los gobiernos dictatoriales y se incorporó a la Revolución en su comienzo, para abandonarla años después. Nosotros, sus hijos, resultamos ser analíticos y "gusanos" y él se comportaba como pragmático y partidista; amaba a los Estados Unidos ---había jugado allí football universitario--, y cuando regresó de allá como "repatriado" se quedó en Cuba hasta su muerte, añorando la vida en el Norte.
No obstante, sus contradicciones, estoy convencido que por su ejemplo, me hizo mejor persona de lo que hubiera sido sin él. Fue quien me enseñó a esperar el nuevo amanecer para saludarlo con una sonrisa, para después levantarme con el firme propósito de seguir adelante; a ser agradecido por lo que pasaba cada día, y sobre todo a creer que podía ser cualquier cosa que quisiera, siempre que me esforzara por lograrlo; a buscar en cada persona, lo mejor de ellos...
...La vida es simplemente experiencia. Eran sus palabras... y por motivos que no sabemos, poseemos el instinto de seguir adelante, por muchos obstáculos que se nos presenten...
Pero como todos los niños, nosotros también cuando éramos pequeños, teníamos cierto temor a papá, ya que siempre las madres de entonces ---y la nuestra no era ninguna excepción---, cuando hacíamos algo malo, según la tradición, le contaba a papá lo ocurrido para que nos disciplinara, en raras ocasiones nos pegaba, pero en la mayoría nos castigaba a ambos, y sobre todo, nos "sermoneaba". Esto era ---al menos a mí---, lo que más me molestaba, pero por supuesto la vida está cargada de excepciones... les cuento una de ellas.
Mi madre continuamente se quejaba ante mi padre de que yo me tiraba de rodillas en el suelo a jugar, sin tener en cuenta si el pantalón era nuevo o no y la mayoría los tenía rotos, cosidos por ella, o molidos por esa parte. Pero debido a la "cabrona" manía de hablar que tenía mi madre, donde al nombrar siempre pluralizaba. Decía los muchachos, en vez de señalar al único responsable de la falta. En cierta ocasión mi hermano fue objeto de una fatal confusión que lo hizo dormir boca abajo por varios días.
Llegado mi padre del trabajo, de mal humor por algo que le había pasado, y tras dejar todo en desorden como era su costumbre, observó que mi hermano estaba jugando en el piso de rodillas, y al acordarse de las reiteradas quejas de mi madre la emprendió con él. Lo levantó por los tobillos ---era muy fuerte y mi hermano delgadito---, y ante el asombro de ella, que trató inútilmente de detenerlo diciéndole que no había sido él, sino yo, le dio unas cuantas nalgadas, a pesar que raramente nos pegaba. Cuando terminó y al percatarse de lo hecho... confuso y enfadado consigo mismo, pero por no dar su brazo a torcer, ante su equivocación, solo atinó a decir...
---Eso es para que aprendan.
Y mi pobre hermano, que no hacía nunca nada malo, se quedó con la golpiza, y yo con el ejemplo. Por supuesto que no lo hice más. Lo maravilloso de mi padre fue, que después se disculpó con él, mientras que dirigiéndose a mí me dijo, que le debía una...
Había escuchado decir reiteradamente, que mi padre estuvo vinculado a la lucha clandestina contra Batista... aunque supe más adelante, que no todo lo que se decía sobre su "participación" era verdad. Según el mismo me confesara solo se preocupaba de trabajar y llevar el sustento a la casa. No se reunía con nadie, salvo con contados y leales amistades, mientras apoyaba a mi madre que si estaba en eso de la "conspiradera" incluso se quedaba cuidándonos a nosotros a la llegada del trabajo y no salía hasta que mi madre regresaba de su actividad clandestina. Se llegó a decir que junto a mi madre y a otros compañeros fundó una "célula" del "Movimiento 26 de Julio", e incluso de cómo en un acto de heroísmo consiguió la primera pistola con que conto dicho grupo.
La Historia ----según mi propio padre--- había sido distinta a como narraba la gente, y ante ante mis preguntas sobre su participación, me relató...
---Cierto día estando tomándome unos tragos con un grupo de amigos, un policía que se reunía también allí habitualmente, entabló conversación con uno que estaba sentado a mi lado, en la barra... comenzó a hablar mal de una mujer, que era amiga mía, con la que había "estado", y vanagloriándose de sus dotes "machistas" comentó con lujo de detalles, lo que había hecho con ella...
---Recuerdo. Continuó explicando mi padre. Me encabroné, pues a mí me "jode" mucho, aquellos que se dicen hombres y hablan mal de una mujer, aunque sea una cualquiera, y le "fui'pa" arriba... si bien recuerdo que alguien trató de separarnos cuando nos enredamos a piñazos... fue en ese momento cuando se le cayó su pistola..., la que desapareció, "como un merengue en la puerta de un Colegio" Después la gente, Ustedes saben cómo somos nosotros los cubanos de inventores y exagerados, empezaron a decir, que yo la había hecho desaparecer. Por su parte el "cabrón" del policía, como no le convenía, nunca contó lo que realmente sucedió con su famosa pistola. Fue tan cobarde que cuando me veía venir por una acera de la calle, cruzaba y tomaba la otra. Esa es la verdadera historia y no lo que han dicho algunos come mierdas, sobre aquel acto de heroísmo.
No siempre se hablaba de política en casa. En honor a la verdad, la mayor parte del tiempo charlábamos de cosas sin importancia, o de cómo nos iba la vida, o de la familia, o de los amigos, pero en otras ocasiones eran conversaciones más profundas, en las que ambos hacíamos reflexiones sobre la vida pasada, y en su caso pensando tal vez que su final estaba cerca, se abría ante mis preguntas y señalamientos. Nunca lo sentí tan sincero en sus respuestas. Hablaba abiertamente, con sinceridad y sin ponerse a la defensiva, motivos estos que ayudaron a que ambos hiciéramos las paces, y ambos también nos comprendiéramos como cuando yo era un niño... cuando más juntos estuvimos. Fue entonces, que aprovechando el momento me decidí a preguntarle...
---Dime papá, ¿Creíste en realidad alguna vez en este sistema? Su respuesta fue tajante y convincente...
---Mira "mi'jo", digan lo que digan, casi todos los de mi generación creímos al principio en Fidel, él presentaba las cosas muy bonitas, nos hacía oír lo que queríamos y siempre le echaba la culpa de nuestros males a otros... a su enemigo de siempre el "imperialismo yanqui", a pesar que los verdaderos culpables de nuestras incapacidades y deficiencias, fuimos, somos y seremos nosotros mismos. Al final nos dimos cuenta de que no funcionaba, y muchos terminaron por salir "echando". Aunque sé que es muy duro, llegar a otras tierras con tanta angustia y tanto amargura...
...por otra parte, te educan de una manera en que no puedes establecer comparación con nada. Continuó diciendo. Pues no sabes de lo que ocurre en otros lugares. Tienes la versión que el gobierno te brinda a través de los medios de comunicación también controlados. Recuerda que la ideología es el sostén del sistema. Nos someten a una permanente propaganda a su favor para controlar tu mente y así también tu comportamiento. En fin, te manejan como ellos quieren en función de su ideología...
Hablaba con esa sinceridad que tienen los ancianos, como jamás había hecho antes, mientras yo observaba como la vejez marcaba inexorablemente profundas arrugas alrededor de su boca, mientras sus ojos, ayer brillantes y con una mirada firme, ahora se veían apagados y perdidos, solo su escaso cabello conservaba algo de la vitalidad de antaño, aunque su blancura contrastaba con el tono cetrino de su cutis...
---Mira "mi?jo". Me gustaba que se dirigiera a mí de esa manera. Sin confianza en el futuro no podrás nunca encontrar un descanso tranquilo para la mente. Pero no hay descanso hijo. No existe verdadera paz si no tienes confianza, y si no confías, no hay fe. Búscalas dentro de ti. Ahí se encuentra la razón de todo, y actúa consecuente con tu pensamiento interior.
De hecho sabía que tarde o temprano yo abandonaría el país, tal vez estaba convencido que después de su muerte lo haría.
---Cuando hayas cultivado un sentido profundo de la fe en tus posibilidades. Continuó. Y un espíritu indomable, nada puede impedir que triunfes en lo que te propongas y que vivas con grandes recompensas. El poder no es la verdad de la vida, el amor por el poder es el amor a la muerte. Lo que está por ocurrir, ocurre independientemente de nosotros. No existe tiempo para los milagros. Además, como debes saber, el tiempo es indefinido...
Me dije entonces. Si tal vez él hubiera podido mirar a la vida con el mismo valor y sentido del honor con el que se enfrentaba la muerte habría sido un hombre notable.. Hoy pienso en él, en mi vida después de salir de Cuba ---dos años después de su muerte---, y veo que el único legado perdurable es la presencia de mi padre en mí. Hoy cuándo me veo al espejo soy él...él es yo, que más. Lo demás es efímero.

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