Me pasa que intento, día a día, que la infancia de mis hijos sea así: que cuando sean grandes puedan mirar hacia atrás y recordar lo lindo que se lo pasaron cuando eran niños.
No se trata de tener mucho dinero ni de hacer grandes cosas. Se trata de crear momentos.
Andar en bicicleta en familia, dibujar juntos, hacer un asadito con poquito, ir por un heladito al negocio de la esquina y, cuando hay un poquito más, ir a una heladería en el centro, sentarnos en el pasto de la plaza y disfrutar el sabor que cada uno eligió. Y, por supuesto, convidarnos del helado de los demás porque siempre termina siendo más rico el del otro. ??Salir a caminar, ir al campo, disfrutar la nieve en invierno, acampar con amigos en verano. Dejar que cada uno tenga su propio ritmo, no apurarlos, celebrar cada pequeño paso que dan y también enseñarles cuando algo está mal.
Quizás hago todo esto porque mi propia infancia no fue del todo linda. Pero también aprendí a quedarme con lo bueno.
Recuerdo esperar los domingos para salir a pasear en familia y que mis papás nos invitaran a comer algo rico. Recuerdo el pancito amasado de mamá recién salido del horno. Los días de temporal, cuando la vela artesanal que hacía mi papá era nuestra luz, y nos sentábamos a tomar once bajo esa pequeña iluminación mientras, por un momento, todo parecía estar bien.Recuerdo los días en que mamá no tenía tormentas en su cabeza y me peinaba bonito.
Recuerdo jugar con mi hermana en la tierra y hacer hermosos pastelitos de barro para después llevárselos a mamá y papá, y ver cómo ellos fingían que se los comían. Jajaja.
Recuerdo salir con caballos de palo junto a mis hermanitos y recorrer el campo como si estuviéramos viviendo la aventura más grande del mundo.
Quizás por eso hoy intento rescatar mi mejor versión para ustedes.
No puedo prometerles una mamá perfecta. Tampoco puedo evitar que algún día me vean cansada, triste o con alguna tormenta en la cabeza.Pero sí quiero que, cuando sean grandes, entre todos sus recuerdos exista una parte llena de bicicletas, helados compartidos, dibujos, nieve, campo, campamentos, risas, domingos, abrazos y pequeños momentos que para nosotros fueron enormes.
Quiero que puedan decir:
"Mi mamá no siempre estuvo bien, pero hizo todo lo posible por hacernos felices."
Y quizás eso sea lo más bonito que puedo dejarles.
Que algún día recuerden su infancia y sepan que, incluso en mis días difíciles, los amé con todo lo que tenía.
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