Se me escapa a mí tanta técnica, y yo tan inhábil.
Tengo la sensación de que, si se me diera la oportunidad de ir en un viaje a Marte, aun sin retorno, posiblemente me iría, pero con la condición de que no hubiera teclas que tocar; porque, si así fuera, aquello no iba a funcionar. Me entra la risa de pronto: ¿por qué un viaje sin retorno, si toco las teclas de la nave... ¿Qué podría ir mal? Que no volviera, eso ya lo teníamos superado antes de salir.
Si nos pusiéramos de acuerdo para ir reduciendo nuestra dependencia de las redes, de los aparatos y de lo industrial, y volviéramos a plantar, a cultivar y a ordeñar, y a no mirar la televisión ni escuchar la radio... Seguro que seríamos más felices sentados al anochecer, al lado del fuego del hogar, asando castañas -porque es el tiempo ahora-, y ya no hay costumbre de lo tranquilo y silencioso.
Tal vez sea eso el futuro.
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