Su apellido no podía leerse por el polvo del zonda acumulado en la inscripción de aluminio. Pero alguno de los transeúntes de la ciudad sabía de sus noches de champagne "Petit Blason", Extra Brut, sus desayunos con roquefort y sus viajes interminables por el Amazonas.
Rodríguez J. fue su amigo de aventuras. El narró en una tertulia de café que cierta vez encontrándose en la selva caminaron durante dos noches en círculo y que a la tercera su terquedad le permitió usar la brújula, además que su carabina escupió 14 cápsulas antes de matar a una víbora para almorzar en aquel deshumanizado lugar.
Un municipal se colocó una mascarilla en el rostro. Abrió una de las puertas de la hoguera. Los familiares se retiraron. El féretro avanzó hacia el infierno.
Esa tarde una víbora ardió fácilmente.
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