Lectura

*Noviembre, 1*

Por José-Blas Molés Miró · España · Historia real

*Noviembre, 1*
Roquete almidonado en los bajos y las anchas mangas, con adornos cuidadosamente bordados, roquete blanco, blanquísimo, lavado con Norit, el borreguito, y sotana negra planchada esta misma mañana por mi madre. Mi madre me había puesto limón en el pelo para fijar mis ondas, cara limpia y sonriente, en los bolsillos dátiles de barbería y piñones, piñones de pino piñonero, del que está a la derecha a la entrada del Calvario, corría el 1961. Hacíamos entonces la preparación para el Ingreso. A las ocho de la mañana habíamos quedado en casa del sinyo retor y llegamos todos, sólo faltaba Felipe. Ya llegará dijimos, pero no vino. El cura se cabreó. Nos dio las tres cruces de paseo, hisopos y vasijas y una bolsa a cada uno, bolsa solemne, de tela morada con una cruz dorada. A mí me dio una cartera de piel muy grande, enorme para mi tamaño, en bandolera, como la que llevaba Salvadorin, el cobrador del coche de línea de Vall d´Uxó a Castellón. Llegó Paco "El Toro", con su flamante taxi Ford, rojo y blanco, coche de nueve asientos más el conductor, cuando llegó el coche olía a pan recién hecho. Estábamos todos con la impedimenta que nos había dado el cura. En un primer viaje fuimos todos los monaguillos, en el segundo, el cura y dos coadyutores alquilados para el día de la gran recaudación.

Era el día de difuntos, día de ingreso fuerte, el cura y los dos ayudantes se pusieron manos a la obra, la obra era bendecir todos los nichos y tumbas a petición forzada de los familiares. La obra de los monaguillos presentar la bolsa para que los creyentes acrecentaran su posesión de parcelas en el cielo pagando el óbolo de Sant Pere. Yo ya había visto esto otros años. Una vorágine de responsos, aspersiones y padrenuestros y besamanos. Dádiva de San Pedro una y otra vez más, reparto de trozos de cielo y los muertos tan ricamente durmiendo el sueño de la materia inerte, en el cielo de ningún sitio. Los monaguillos me daban, cuando llenaban su bolso, los billetes recaudados, hasta cuatro veces vació cada uno el bolso en mi cartera.

Estuve presente cuando contamos el dinero, veintiséis mil seiscientas cuarenta y cuatro Pts fue la recaudación, para seis horas de trabajo pensando que el salario de ese año era de mil seiscientas Pts al mes, no está ni medio mal.

Al terminar el "trabajo" los curas comieron en casa de Hilaria, un "cocido" que necesitó cuatro vuelcos. Mientras se oía el último responso, *Libérame domine de morte aeterna". Yo me escondía y callaba porque estaba amenazado por el monaguillo más grande, Miguel, que había sisado tres billetes de cien Pts. y no podía denunciarlo porque peligraba mi integridad física, Miguel es hoy cura ecónomo de la parroquia. "Ad mayorem dei gloriam" y en el obispado es el delegado de finanzas.

¡Como nos divertimos siguiéndole, mi hermano y yo, un día que le pillamos en Murano con una rumana caucásica, espectacular, que había sido lumi desde los veinte hasta los treinta y cinco años y que el cura había rescatado para servir a Dios y su genitalia.

Libérame domine de morte aeterna.

Valoración: 0.0/5 (0 votos)

Comentarios

Aún no hay comentarios. Sé la primera persona en compartir una opinión respetuosa.

Conversemos entre autores

Un espacio para compartir y acompañarnos entre letras

Cargando la conversación...

Estás leyendo la conversación de la comunidad. Para participar necesitas una cuenta.