Lectura

Juventud, historia y creación

Por Alejandro Zapata Espinosa · Colombia · Ensayo

Juventud, historia y creación
Estimadas estudiantes:

Las saludo con afecto desde Itagüí, un municipio de Antioquia, Colombia. Otro sur; les hablo desde otro sur. Agradezco a la profesora Sana por invitarme y facilitar este encuentro. Leeré, y no disertaré oralmente, los temas que nos convocan (la juventud, el estar en la historia y la creación), porque existe una infinita y simple barrera que nos imposibilita acercarnos de lleno uno frente al otro. Además del espacio, que lo vadeamos con la virtualidad, está el lenguaje. No quiero ser la voz de autoridad, la última en decidir sobre los asuntos humanos, pero si algo puedo recomendarles es que aprendan otra, muchas lenguas. Aunque la tarea inmediata sea un profesor, la asignatura en un colegio, no saben cuánto la necesitarán cuando viajen, o cuando, como aquí, necesiten desplazar asuntos desde casa. Ese fue uno de los inconvenientes que le mencioné a la profesora Sana, cuando planeábamos este momento: ¿cómo pausar la lengua materna, en mi caso el castellano, y dirigirme a ustedes en inglés, cuyo progreso de aprendizaje se detuvo? Así que, de equivocarme en la pronunciación, sepan perdonar.

La segunda o tercera lengua es tan importante como ingresar otra teoría a la propia. Se abre la posibilidad de entender una tradición distinta. No es lo mismo un estudioso, un trabajador, sea cual sea su oficio, que pueda comunicarse entre mundos. En la literatura, se aprende otra lengua con el interés de leer al autor extranjero en su propia lengua. Por ejemplo, me estoy perdiendo a Cicerón en latín, a Goethe en alemán, a Mahmoud Darwish en árabe y a ustedes, compañeras, en curdo, en su lengua, su espíritu. Agreguen asombro a sus vidas, entendiéndose con sus contemporáneos fuera de la patria.

Entremos a figurar la juventud. Antonio Gramsci señalaba: "La ilusión es la tentación más peligrosa; la historia no es un destino, es una construcción". Le agrego a Freire, una de cuyas consignas era que somos seres inconclusos, por tanto nos formamos con y en la historia. La determinamos. Ustedes están en tiempo de formación, ¿para qué? ¿Para guardarla, borrarla o dejarla quieta una vez se gradúen? No; para aplicarla, para acordarse del pasado, de los muertos que también hacen parte de la nación, de la humanidad. Más loable es quien aprende para lo público, quien aprende y comparte, socializa lo aprendido. Quizá eso que sabemos como algo inservible, sea para otro palabra de aliento, o nueva mirada.

No dejemos que pasen los mejores años, los de mayor viveza y entusiasmo, en silencio. La expresión es indispensable. Si no nos gusta algo que escuchamos, con la humildad que precisa toda réplica, y más si va a desarticular al contrincante, debemos expresarnos. La palabra, la voz que los caracteriza no se ha repetido antes; quizá esto sea el distingo que necesito exploren. En el Eclesiastés (1:9-10), se menciona que no hay nada nuevo bajo el sol; Ambrose Bierce, autor americano, cambia un poco el sentido, y afirma que si bien no hay nada nuevo bajo el sol, hay un montón de cosas viejas que no conocemos. Pues bien, ustedes son los nuevos conocedores de las cosas viejas, los que tienen el placer o la tarea de actualizarlas a futuro. Sin su expresión, eso viejo quedará así, inamovible, en glorioso polvo, mas no en la sangre que circula en este siglo XXI, iluminando los debates de ideas, las creaciones (y cuando menciono esto, piensen en la pintura, la escultura, la arquitectura, las matemáticas, la escritura, las ciencias todas, etcétera).

Sin esta expresión, que desde ahora se puede iniciar, en un diario, en cartas a conocidos, también a gente que desconozcan, el mundo se va quedando solo. ¿Acaso fueron llamados para el silencio? La vida es comunicable; tenemos la palabra, un nosotros que desea conocerse en el trato con el mundo, con la historia. Y como esta, la historia, no está predeterminada, entraremos a ser parte de su cambio, de sus movimientos.

Con ello no quiero decir que se adelanten a la vejez. Antonio Machado, el poeta español que escribió "Caminante, son tus huellas / el camino y nada más; Caminante no hay camino, / se hace camino al andar. Al andar se hace el camino / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar", enunciaba en un discurso: "Adelante, sobre todo, con vuestra faena juvenil: ella es absolutamente intransferible; nadie la hará si vosotros no la hacéis". Lo que dejen sin hacer en este tiempo, que es el de su generación, vendrá otra, si es feliz el reemplazo, a realizarlo, o tardarán muchas otras en lograrse, o se quedará el futuro en pretérito.

¿Y qué puede guiar esa tarea? En la academia, es normal que, en el avance de teorías, se queden atrás los modelos de interpretación del mundo presente (incluso, al decirles esto, es posible que una idea esté pasando por encima de nosotros, y debamos seguirle el rastro luego de este momento, para alcanzarla). Por ello, les diré unas líneas generales, que espero analicen desde sus contextos, para agregarle originalidad curda.

Una de ellas es de la dialéctica. El juego, a veces siniestro, de los opuestos mueve las acciones humanas. La tesis guarda dentro de sí su propio conflicto, que es la antítesis, y en este enfrentamiento emerge la síntesis. Por eso, cuando algo se les oponga, examinen cuál es el conflicto del elemento en sí mismo, y arriesguen su cargo a la antítesis, y den a la historia un acontecimiento. Con esto quiero que examinemos otra imagen conceptual que propone Agamben en "¿Qué es ser contemporáneo?" A modo de resumen, para entrar al punto fuerte, se es contemporáneo si se mira el propio tiempo no desde la luz sino desde la oscuridad, no desde la adaptación sino desde el desfase, para percibirlo por completo: "Pertenece verdaderamente a su tiempo, es realmente contemporáneo aquel que no coincide perfectamente con él ni se adapta a sus pretensiones, y es por ello, en este sentido, no actual; pero, justamente por ello, justamente a través de esta diferencia y de este anacronismo, él es capaz más que los demás de percibir y entender su tiempo".

Esto es, reside en la antítesis su apuesta.

Nos comprometemos más con este tiempo si avistamos sus oscuridades. Y si partimos del pasado, para leer lo que ahora sucede, entenderlo con la experiencia recogida por la humanidad. Esa es la síntesis creadora: la que dinamiza la antítesis de la tesis, que es el presente con sus temores. Dejando memoria creativa de estos hallazgos, de estas respuestas al ahora, es como permanecemos en los que serán los próximos contemporáneos de la contemporaneidad, los que nos secunden (a nosotros como pasado, fin de una historia ya realizada).

Ese era una de las ideas generales que deseaba compartirles: la ley de la dialéctica. La tesis, la antítesis (donde reside el problematizador contemporáneo) y la síntesis, que es el resultado de las anteriores. Las imágenes, los escritos, sus propias huellas serán el vestigio con que serán recordados.

Otra idea es la del pensamiento complejo. No teman el abordaje de problemas desde distintas vertientes. Enriquezcan su capacidad comprehensiva, su panorámica de lo oscuro (de lo contemporáneo), en cada paso por la Tierra. Si esto no es así, carecerían de una vertiente, de un color que podría guiarlos por luengos caminos. Diferente a lo complejo, está lo limitado, y no deseo que ninguno de ustedes se contente con una porción de la hazaña que están llamados a cumplir, sea en organizaciones regionales o globales, por cuenta propia o colectiva. De nuevo los idiomas, la comunicabilidad con parajes lejanos, la circulación de su pensamiento en tradiciones distintas, que pueden aceptar y darle nuevas formas a lo que se creía uniforme.

Piensen en mundos; súmenle al mundo, a este en que residimos, el suyo. Desde su espacio, por muy local, muy específico que sea, creen (pinten, escriban, canten, organícense en radios, en cineclubs, en revistas, en espacios culturales o científicos). Traten de sobrepasar lo limitado, para encontrar las múltiples relaciones de la oscuridad que observen. Los que niegan la juventud, se niegan al futuro. Denle pruebas a los venideros de cómo creaban los actuales, en qué se dirimían las críticas contemporáneas, quién dedicaba su esfuerzo a interpelar las crisis. En lo complejo, lo diferente, la carga simbólica que nace con ustedes, se interconecta y traspasa fronteras, dialoga con extremos invisibles en el momento de creación.
Finalizo con un texto que deseo lean. Con él, podrán sumarse a una corriente histórica que, muy tranquila, puede pasar sin nosotros, pero que, sumados a ella, nos cambia. Se titula De la brevedad de la vida, de Séneca. He aquí un fragmento:

El tiempo que tenemos no es corto; pero perdiendo mucho de él, hacemos que lo sea, y la vida es suficientemente larga para ejecutar en ella cosas grandes, si la empleáremos bien. Pero al que se le pasa en ocio y en deleites, y no la ocupa en loables ejercicios, cuando le llega el último trance, conocemos que se le fue, sin que él haya entendido que caminaba. Lo cierto es que la vida que se nos dio no es breve, nosotros hacemos que lo sea; y que no somos pobres, sino pródigos del tiempo; sucediendo lo que a las grandes y reales riquezas, que si llegan a manos de dueños poco cuerdos, se disipan en un instante; y al contrario, las cortas y limitadas, entrando en poder de próvidos administradores, crecen con el uso. Así nuestra edad tiene mucha latitud para los que usaren bien de ella.

Sean, con su lectura y ejercicio (aplicado a lo que buscan formarse en este transcurso limitado), dignos administradores de sus energías. La historia que inauguran, desde la dialéctica, velando la oscura contemporaneidad, presentes con los otros vivos (con el consejo de los muertos), se vale de sus obras. A Séneca debiera leerse cada inicio de año, cada momento clave de la vida; con él se reencauza la contextura diversa y fatigante, pero necesaria, de nuestro paso por el mundo. Retomemos: "El tiempo huye si no le ocupas; y aunque lo ocupes, huye; y así, se ha de contrastar su celeridad con la presteza de aprovecharle, cogiendo con prisa el agua como de arroyo rápido que en pasando la corriente queda seco". Así pues, las invito a que apresen su devenir con un diario. Esta invitación es directa, y las puede acompañar a lo largo de sus días (hay diaristas que mueren escribiéndolos); desde sus artes, o desde sus primeros intereses, escriban, búsquense, expresen lo que son ahora. No dejen que las horas las borre, porque en ustedes vive el mundo de hoy, y les reclama a cada momento inaugurar la historia, hacerla más justa, alternativa, compleja y humana de lo que la recibieron.

Barbosa-Itagüí, octubre de 2026

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Leído en el webinar Education, Culture and Youth Development, organizado por la profesora Sana Jihanger Hamad, Batas Highschool for Girls, Kurdistán, octubre 27 de 2026. Pintura: El pez, Joaquín Torres García, 1928.

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