Lectura

*La obispa*

Por José-Blas Molés Miró · España · Fantasía

La vida no es tan perfecta como nos hacen creer; mira si no lo que ha pasado ayer... No todo es para los mejores en el mejor de los mundos posibles; no es así, ya lo verás por ti mismo. Todo llega por alguna razón. Cuando ocurre alguna contrariedad, tu visión de las cosas cambia de modo radical; puedes ver bajo ese prisma la guerra, la violencia, los accidentes, los desastres, la pobreza y las catástrofes, todo en un conjunto bañado además en injusticias innecesarias. No existe El Dorado, aquel en el que todo el mundo está en paz, sin guerra ni pobreza ni penas. No existe el mundo perfecto, por lo que hay que ser más egoístas y más apegados a la tierra y a las pequeñas cosas.
Todo este romance que he contado de la mano de Voltaire en su obra Cándido, o el optimismo, viene a significar lo que quiero contarle a mi amigo Jaime, que está exultante y complacido con la noticia de que a Binance, la plataforma de criptomonedas, le han robado 6.300 millones de dólares. Está contento porque eso no afecta a las personas de a pie como nosotros -yo no conozco a nadie que tenga criptomonedas, bueno, a uno o a dos, pero lo mismo da-. Pero a mí me parece que allá en el fondo, aun con el riesgo implícito, lo que tiene Jaime es envidia porque no consiguió comprar 20.000 € en criptomonedas cuando estaban a precios bajísimos hace 15 años; él dice que ahora tendría varios millones de euros. No sé qué decir, me parece un El Dorado inmaterial, una fantasía; yo soy más de gastar poco, no da la cosa para más ni para menos.

Ahora me cuenta alguien por la calle -uno que es muy de iglesia- que en la arciprestal de su pueblo llueve porque la bóveda está hecha unos zorros y hay ceremonias que se realizan entre los cubos que utilizan para recoger el agua de las goteras. Me lo ha dicho en plan: "Mira si puedes meter mano", porque sabe que lo de la ermita del Calvario ha salido bien. Y yo me pregunto qué clase de religión practican estas gentes que no son capaces de echar mano de ahorros para su casa de encuentro; no sé qué harían si les pidieran sacrificios humanos. Yo, para rematar la cuestión, le he hablado de que ya se va el obispo, de que ya era hora, y de que se vaya a descansar de no haber hecho nada durante 23 años; y le he añadido que el próximo obispo debería ser una mujer. Ahí ya le he sacado de sus casillas, después me he dado cuenta de que sus casillas están descompuestas y desconchadas y no tienen entidad para encauzar avances históricos, que deben darse en la religión. Esta religión huele a charca y a rancio; solo pueden salvarla las sacerdotisas y las sibilas, las de Cumas o las de la Plana Baixa.

Mira que si por una de aquellas la obispa fuera una con dos ovarios... ¡ay, Dios, qué gozada!

B.M.

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