Lectura

inconsciente colectivo.

Por Paola Contrera · Argentina · Amor

inconsciente colectivo.
¿Estoy bonita?- se preguntaba, mientras se miraba al espejo; luego se puso los tacones ,abrió la puerta de la habitación se dirigió a la sala, miró el reloj, aún faltaba media hora para su cita anhelada.
Se sentó a esperar con ansias, recordando cuanto había idealizado este día, fueron años aguardando que el pudiera mirarla con otros ojos, y no como la amiga que compartía sus secretos, o conflictos de relaciones vacías que ambos tenían por separado.
llevan mas de 15 años de amistad, conocía , sus miedos e inseguridades, y guardaba en su corazón el secreto de amarlo intensamente, siempre manteniéndose en la sombra aguardando que en algún momento el pudiera elegirla y darse cuenta que eran almas gemelas. dé repente su rostro se ilumino cuando vino a su mente ,el mensaje que activo sus emociones, no podía creer su estado de ansiedad e incertidumbre de lo que podria pasar en la cena, un montón de sentimientos encontrados, analizaba una y mil veces sus palabras impresas en su memoria, cuando el le dijo: - ¿Cómo estas?, hay algo que urgentemente quiero hablar con vos, no aguanto y quiero que lo sepas.. pasaré por ti el sábado a las 22hs.
Eran días interminables para ella después de recibir ese jueves por la tarde aquel mensaje, la carcomían los nervios por dentro, hasta que inmediatamente los frenos de auto interrumpieron sus pensamientos, dé inmediato se levanto de la silla, sé acomodo el vestido, dirigió su mirada al reloj, tacaron su puerta, y al abrirla dijo.- como siempre puntual-.
El sonrió y dijo: vamos que tenemos que hablar,-.
Al llegar al lugar, todavía estaba inquieta le gano la intriga ,la incertidumbre de saber que era tan importante, y dijo: ¿ Dime que es eso que con urgencia deseás contarme?.
El subió la mirada hacia ella y dijo:
-Me di cuenta de que estoy enamorado, tengo que decírselo y no sé cómo...
En ese preciso momento, antes de que terminara de hablar, ella sintió como si un puñal le atravesara el pecho. Comenzó a ahogarse; le faltaba el aire. Su ilusión se desmoronaba frente a sus ojos, no podía contener sus lágrimas y sentía estrujar su corazón. Cayó en la desesperación de un abismo sin final, hasta que, a lo lejos, un susurro se acercaba más y más: "¡Ya despierta!". Era su hermana, que la sacudía para que abriera los ojos y saliera, por fin, de su maldita pesadilla.

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